domingo, 19 de febrero de 2017

Relatoría 27 de Enero

2017. En la nacho era viernes 27.

Era el día más anhelado. Todo iría perfecto: una gran multitud de personas, nuestros volantes siendo agotados en poco tiempo, folleto que va, folleto que viene, todos asistiendo. Un colectivo tan grande como innumerable. La actividad del bardo sería un éxito: lograr captar toda la atención, y así, el colectivo se posicionaría desde el cielo: poesía que llegara bendita -como si el mismísimo Dios (o Zeus) la tocara con su místico dedo-. ¡Y sí lo era! Hasta las 9:00AM. O hasta las 9:15AM. O hasta las 9:20AM.

Sí. Nadie llegaba. Nadie aparecía. Solo estaba Kena acompañándome y yo no me liberaba sino hasta mediodía. La agitación en mí me estaba enloqueciendo: ¿todo saldría mal? Necesitaba un alivio. Que me dijeran lo contrario.
- Tranquilízate. ¿Necesitas los folletos? Yo voy y los imprimo.

*Oh sorpresa, no tengo dinero. Pero gracias al cielo, ella no lo pidió*.

La espera me estaba impacientando. 9:50. Llegó Larrota. Se sentó y habló con el bardo, que casi llega al tiempo con él. Estuvimos hablando de todo, me comentó sobre sus proyectos y yo le indiqué que tan pronto llegara Herreño comenzaríamos.
Tan pronto llegara Herreño.
Tan pronto llegara Herreño.

Por todos los dioses, eran las 10:20, ¿dónde demonios estaba metido Herreño? Gracias a todo lo sagrado que ya estaba en la universidad. Llegó con más volantes. Le dije, de manera un poco descortés que reuniera a todas las personas. Apenas si lo miraron. La desesperación pudo más. No íbamos a permitir que saliera mal.
-¡Doña Luz! -atiné a decirle a la más proactiva de todas las funcionarias de la facultad- desde el Colectivo Sergio Stepansky trajimos un bardo, un cuentero. Él quiere hablar con los estudiantes pero necesitamos que nos den un espacio.
*Doña Luz se queda reflexionando*
-Voy a hablar con él, que haga la charla aquí dentro del hall.

Ah emoción profunda, todo estaba saliendo bien. Pero aún no lo suficiente.

-¡Cristian! -le grité al encargado de los grupos de trabajo- venga.
Y bajó apresuradamente.
-Dígame.
-¿Es posible que nos den un espacio para que nuestro bardo se presente y les de una pequeña charla a los primíparos?
-Le toca hablar grupo por grupo.

¡Já! Ya todo marchaba bien. Tenía la autorización y sabía que nadie. Nadie, ¡nadie! Me iba a decir que no. ¿Por qué lo sabía? Bueno. Manejar un pequeño poder simbólico en medio de la facultad tiene sus ventajas, y esta era una de ellas.

Hablé con cada uno de los grupos y todos me dieron permiso, luego subí mi tono de voz y presenté al bardo. Y todo el pesimismo cambió. El bardo cautivó a una gran cantidad de personas. Habían más de 50 personas escuchándolo, y él contaba una historia, pero no solo eso, la hacía ver como necesaria. Y poco a poco se inmiscuyó en todos nosotros. Todos nos veíamos al lado de barbanegra y su barco destruido, y luego, junto al vendedor traidor del pergamino intentando estafar y hundir a otro incauto.

- No es mi mejor creación, pero es precisamente lo que quería que les quedara de enseñanza. Este colectivo les va a mostrar precisamente eso: cómo hacer que, aunque no sea su mejor trabajo, logren captar la atención del público y exponer su punto y que quede gustando. Lo necesitarán en su profesión.



Cuando sentenciaba ello el Bardo y me agradecía por invitarlo yo no pude sentirme menos que orgulloso. El colectivo había iniciado con pie derecho. El colectivo había dado un paso de gigante. Pasamos de ser un proyecto de un par de gatos soñadores a ser uno de los grupos que promete, no solo a nivel de facultad, sino de universidad -y ojalá de sociedad-.

No nos habíamos presentado como un simple colectivo, sino como un grupo de trabajo sólido. Y todos los objetivos estaban cumplidos. El resto del día fueron sonrisas. Preguntas sobre el colectivo, preguntas sobre materias. Finalicé ese día mi semana como monitor de inducción, pero no fue solo eso, ese día estaba destinado a quedarse en mi memoria.

Luego de volver a encontrarme con mis compañeros y tener una pequeña charla para conocer a los nuevos integrantes, decidimos separarnos un momento para realizar otras actividades. Entré al curso, y los admitidos me agradecieron todos mis esfuerzos. En realidad fue un día hermoso.



Ya cayendo la tarde, cuando todos volvieron, llegaron nuevas caras al grupo junto con Juan David, del que siempre guardaré recuerdo es de Zorro. Un guitarrista increíble que amenizó la tarde con su música de protesta. Cantando con ímpetu y todos los sentimientos en la voz y la guitarra. El que fue el motivo de la creación de nuestra nueva actividad; porsupuesto, porsupuesto: la guitarra de Paradoxus.


Pero no nos adelantemos a los hechos: salimos de camino al denominado "hueco" -sí, ese pequeño lugar que queda frente al archivo de tesis de la biblioteca central-. Estuvimos tomando una cerveza y hablando, luego fui rápido a llamar a los primíparos y a firmar una última lista. Primero fueron temerosos, luego llegaron en un grupo grande, cuando yo comenzaba a declamar "embriagaos" de Charles Baudelaire. Nunca lo había declamado con tanto ímpetu y tanta pasión. No quería terminar nunca. Y cuando terminé, la ola de aplausos fue enternecedora y me estremeció. Teníamos un gran número de personas, que lastimosamente se fue desvaneciendo.

Queremos creer -con Herreño- que es cuestión de la hora y que son pequeños. Queremos creer que aman la poesía.

Sin embargo no fue impedimento, Juan David se fue a la misión y con mi introducción a la actividad la metamorfosis de Bukowski todo estaba preparado. Escuchamos al Zorro tocar su guitarra y declamamos otros poemas.



Que Kena declamó en público y lo hizo increíble.
Que leímos algunos poemas de Herreño.
Que leí mi poema inédito.
Que un hombre, el rasta, que ansiamos ver de nuevo, nos mostró un poema de Leon de Greiff que yo no había escuchado antes y que me llena de motivos para gritar con júbilo: ¡no erramos al llamarnos Sergio Stepansky! Porque la pluralidad que representa De Greiff, es la pluralidad que queremos llevar con nuestra poesía. Con nuestra divulgación de la cultura poética. Y así como lo escribimos en el proyecto lo sostenemos. Una y mil veces:
¡Sergio Stepansky: cultura poética!





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